Rovira: El otro vanguardista

Eduardo Oscar Rovira fue un bandoneonista, arreglador y compositor argentino que nació en Lanús, Argentina, el 30 de abril de 1925 y falleció en La Plata, Argentina, el 29 de julio de 1980. Es conocido por ser el creador de cerca de 200 tangos y alrededor de 100 obras de música de cámara.

¿Qué tienen en común el bandoneón, la música de cámara y el dodecafonismo? La respuesta se encuentra en la figura de Eduardo Oscar Rovira, un músico que se atrevió a desarticular los moldes establecidos para crear una obra tan original como vanguardista. A menudo eclipsado por la figura de Astor Piazzolla, Rovira representa la otra cara de la modernidad en el tango: una búsqueda intelectual, austera y profundamente técnica.

 

De las orquestas típicas a la academia

Nacido en Lanús en 1925, Rovira comenzó su carrera profesional como bandoneonista a la temprana edad de nueve años. Formó parte de agrupaciones clásicas como las de Florindo Sassone o Alfredo Gobbi, a quien incluso dedicó su tango «El engobbiao». Su verdadera inquietud, sin embargo, radicaba en la arquitectura del sonido. Bajo la tutela de Pedro Aguilar, se sumergió en el estudio del contrapunto y el dodecafonismo, herramientas que le permitieron inyectar la rigurosidad de la música académica contemporánea en el ADN del tango. Rovira fue el primer compositor del género en introducir de manera estructurada el serialismo dodecafónico.

 

Esta sólida formación lo llevó a trabajar como arreglador para grandes directores como Miguel Caló y Osmar Maderna, pero su destino estaba en la experimentación pura.

 

 

El Octeto La Plata y el estallido de la vanguardia

En la década de 1960, impulsado por el promotor Eduardo Parula, Rovira se convirtió en el arquitecto de una sonoridad disruptiva. Su proyecto más ambicioso de aquel entonces fue el Octeto La Plata. Aunque lamentablemente no dejaron registros fonográficos, esta formación sentó las bases de un tango que ya no buscaba el baile, sino la escucha atenta y la reflexión estética. A partir de esta agrupación evolucionó la Agrupación de Tango Moderno, con la que grabó en 1961 su primer álbum de vanguardia: Tangos en nueva dimensión.

 

Además de sus innovaciones teóricas, Rovira experimentó en lo técnico, incorporando un pedal de distorsión a su bandoneón para lograr sonoridades similares a las de un órgano Hammond. A diferencia de Piazzolla, cuya revolución se apoyaba fuertemente en el ritmo y el lirismo melódico, Rovira se volcó hacia la experimentación armónica, integrando elementos del jazz y la música clásica con una sobriedad geométrica.

 

 

La Plata: Su refugio y legado

Eduardo Rovira encontró en la ciudad de La Plata su hogar creativo. Allí no solo participó en la orquestación de la Banda de la Policía provincial, sino que en 1973 asumió la dirección del Teatro Argentino. Su gestión fue marcada por una visión democrática de la cultura, facilitando la actuación de artistas como Atahualpa Yupanqui, Los Jaivas y Alberto Cortez a precios populares.

 

Su álbum “Inédito” permanece como un homenaje sonoro a la capital bonaerense y como una prueba irrefutable de su genio.

 


Dato Clave: Mientras que el mundo reconoce a Piazzolla por la «mugre» y la energía del nuevo tango, Rovira es el maestro de la estructura. Juntos, aunque por caminos distintos, sacaron al género de los salones de baile para llevarlo a los grandes conservatorios del mundo. 

 

 

Eduardo Oscar Rovira falleció en 1980, pero su obra sigue siendo un territorio a descubrir. Cabe destacar que su tango más difundido internacionalmente es «A Evaristo Carriego», popularizado tras la grabación de Osvaldo Pugliese en 1969. Su legado es un testimonio de audacia y pasión por las infinitas posibilidades del bandoneón.

 

 

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